"OPERACIÓN BALMIS" EL EJÉRCITO AL SERVICIO DE LA SALUD

05.04.2020 00:05

El Ministerio de Defensa ha bautizado como Operación Balmis al dispositivo puesto en marcha en todo el país para tratar de frenar la expansión de la pandemia por coronavirus. El nombre de la operación lleva el nombre de Francisco Javier de Balmis y Berenguer, un médico y militar español del siglo XVIII que a su vez dio nombre a la "Expedición Balmis" que se encargó de llevar a las Américas la vacuna contra la viruela y que supuso un hito en la historia de la medicina. 

Francisco Javier de Balmis y Berenguer nació en Alicante el 2 de diciembre de 1753, y empezó sus estudios de Medicina en el Hospital Real Militar alicantino en 1770, con el fin de convertirse en cirujano militar. Cinco años más tarde participó en la Expedición de Argel contra los berberiscos, colaborando en un hospital de campaña. En 1778 recibió el título de cirujano y en 1779 entró a formar parte del cuerpo de Sanidad Militar del Ejército Español, sirviendo en el Regimiento de Zamora, heredero de uno de los Tercios del famoso milagro de Empel y cuya tradición continúa hoy el Batallón "Zamora" de la BRILAT. Con ese Regimiento tomó parte en el sitio de Gibraltar. También luchó en la Guerra de Independencia de Estados Unidos. Debido a los méritos que demostró, en 1781 fue ascendido al rango de cirujano del Ejército, siendo destinado a América y sirviendo en Cuba y México.

En la ciudad de México, Balmis fue nombrado cirujano mayor del Hospital Militar del Amor de Dios en 1786. Allí trabajó en estudios sobre el tratamiento de la lepra y de las enfermedades venéreas. En 1794 fue nombrado Consultor de Cirugía del Ejército, y al año siguiente se le designó cirujano honorífico de cámara del Rey Carlos IV de España.

 Estando en Madrid, Balmis conoció el descubrimiento de la vacuna contra la viruela por parte de Edward Jenner. El médico militar español se convirtió en uno de los más firmes partidarios de la vacunación. Por entonces la viruela estaba matando a una quinta parte de la población. El problema afectaba no sólo a la España peninsular, sino también a sus dominios de ultramar. Por ello, Balmis propuso al Rey llevar la vacuna de la viruela a América y Filipinas. Era una propuesta arriesgada y difícil, pues entonces no había forma de llevar muestras de la vacuna en barco durante una travesía tan larga. Balmis tuvo una idea muy audaz:llevar en la expedición 22 niños huérfanos de Madrid, La Coruña y Santiago de Compostela que sirviesen de correa de transmisión de la vacuna.

Y la expedición se convirtió en  "la primera misión humanitaria de la historia, bautizada oficialmente como Real Expedición Filantrópica de la Vacuna", Partió de La Coruña el 30 de noviembre de 1803 y pretendía vacunar a miles de personas contra la viruela.

Para conseguir tal objetivo, Balmis planteó que el único método para transportar el remedio en perfectas condiciones era utilizando seres humanos, ya que entonces era imposible trasladar la vacuna al no contar con una técnica capaz de mantener con vida el virus debilitado durante un viaje tan largo.

Balmis sugirió utilizar a 22 niños abandonados para que hicieran de transmisores del virus y la vacuna durante el viaje de España a América Técnicamente era imposible transportar el virus de la vacuna a través del Atlántico, y su mantenimiento mediante infecciones en niños fue una idea brillante que permitió llevar la vacuna en un estado activo. Para ello durante la travesía, la vacuna se iba inoculando en el cuerpo de los niños de forma escalonada, provocando en ellos una respuesta inmunológica, es decir, el efecto buscado de la protección por la vacuna.

Hasta la iniciativa de Balmis se utilizaba el pus fresco o remitido a distancia entre dos cristales, como hacían los ingleses, pero cuando el producto llegaba a América los virus eran inviables y, por tanto, inefectivos. De hecho, después de ocho años de negativa, los expertos británicos tuvieron que abdicar y reconocer el valor del método español.

La idea de Balmis fue aprobada por la Junta de Cirujanos de Cámara. La llamada Real Expedición Filantrópica de la Vacuna partió del puerto de La Coruña el 30 de noviembre de 1803 a bordo de la corbeta “María Pita” (nombre de la heroína que había defendido esa ciudad de la invasión inglesa de 1589), haciendo su primera escala en Tenerife, donde empezó su campaña de vacunaciones. La expedición recaló en Puerto Rico en 1804, dirigiéndose después a Caracas, donde se dividió en dos: una septentrional encabezada por Balmis y una meridional a cargo del cirujano militar catalán José Salvany y Lleopart.

Las dificultades que afrontó la expedición meridional fueron enormes, no sólo geográficas, sino también políticas, ya que algunos indígenas lanzaron una revuelta contra la campaña de vacunaciones. Durante esa expedición meridional, que recorrió los actuales territorios de Colombia, Bolivia, Perú, Colombia y Argentina, Salvany contrajo la tuberculosis, la malaria y la difteria, perdió la visión de un ojo, se dislocó una muñeca y acabó falleciendo en 1810, a los 34 años de edad en Cochabamba (Bolivia), donde está enterrado. Su sucesor, el médico militar Santiago Granado y Navarro Calderón, continuó la expedición llevando la vacuna a Chile, hasta alcanzar la Patagonia.

En cuanto a la expedición septentrional de Balmis, recorrió Cuba y el Virreinato de la Nueva España (por el actual territorio de México), llegando después las vacunas a Norteamérica. La expedición de Balmis partió luego hacia las Filipinas desde Acapulco a bordo del navío “Magallanes”, llegando a Manila en abril de 1805. Allí Balmis, ya enfermo, decidió regresar a la metrópoli, encomendando la dirección de la expedición al médico militar madrileño Antonio Gutiérrez Robredo, pero al enterarse de que la vacuna aún no había llegado a China, se dirigió a la colonia portuguesa de Macao, a donde llegó en septiembre de 1805 después de naufragar el navío en el que viajaba, teniendo que alcanzar la costa en una barca junto a tres niños vacuníferos que iban con él. En Macao los miembros de la expedición tuvieron un gran recibimiento. En febrero de 1806 Balmis inició su regreso a Madrid, vía Lisboa, parando de camino en la isla británica de Santa Elena, donde también llevó a cabo vacunaciones. En la capital de España, a donde llegó en 1806, Balmis fue recibido como un héroe. No era para menos.

El mapa con la ruta de la Expedición de Balmis. Incluye su expedición meridional por Cuba y México y la expedición meridional de Salvany por Sudamérica.

 

Esta expedición salvó millones de vidas, siendo una de las más grandes gestas históricas de España en toda su historia. Al conocer la expedición, Jenner, el inventor de la vacuna, comentó: “No puedo imaginar que en los anales de la Historia se proporcione un ejemplo de filantropía más noble y más amplio que este”.

Hoy nuestros militares colaboran en la lucha contra la pandemia del Covid 19 poniendo su organización, su estructura logística y su esfuerzo al servicio del pueblo español. Y lo hacen bajo el nombre de “Operación Balmis” como homenaje y reconocimiento al héroe español que luchó contra la peor epidemia que ha sufrido la humanidad: la viruela.  Hoy que España lucha contra un enemigo invisible, y su Ejército se pone en pie de guerra, la sombra de Balmis suscita fuerza, coraje, esfuerzo, iniciativa e ilusión. Todo ello al servicio de la sociedad española, a la que nuestros soldados españoles sirven con orgullo y lealtad.

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